Nací en el 1962 en Mendoza, República Argentina, la tierra
del buen sol y del buen vino! No era hijo de deportistas,
aunque siempre me dijeron que mi padre era un campeón
de villar, no lo vi jugar nunca, me acuerdo que al metegol
me ganaba siempre a cero! Yo era un típico "Gordito"
y mi padre decidió regalarme una bicicleta, este fue
mi primer contacto con el mundo del deporte. La motivación
que me dio fue que si la usaba mucho seguramente me ayudaba
a adelgazar algunos kilos que sobraban. Me entusiasmé
mucho con mi bicicleta, me gustaba pedalear, mi madre saboteaba
mi padre, porque ella era muy protectora con su único
hijo varón, y andar en bicicleta representaba siempre
algún peligro. Hoy que vivo en Italia desde hace veinte
años comprendo que los peligros eran relativos. Me
anoté solo a una competición de un domingo,
en una fiesta para el día del niño me recuerdo,
esa carrera la gané yo, andaba fuerte en el llano obviamente.
Crecí en un colegio de la obra Don Orione, y el colegio
creció conmigo, y con los esfuerzos del Padre Juan,
que no se cambiaba la sotana, porque tenía una sola,
pero todos los días iba a pedir plata a alguien para
hacer crecer esa obra. El profesor de educación física
Esteban, tenía un sueño, quería construir
un club donde todos pudieran jugar al voleyball, hoy descubro
mi fortuna por haber sido uno de los elegidos para dar inicio
a esa aventura. No sabía nada de voleyball y estaba
todavía gordito, pero el profesor creía en ese
grupo de carasucias! Inicio así mi pasión por
este deporte, esta escuela de vida del deporte de grupo, donde
tus debilidades se pueden esconder detrás de la colaboración
del grupo. Quando aprendes que puedes contar con la ayuda
de alguien para poder lograr un objetivo en común,
cuando aprendes que puedes contribuir en algo para hacer que
la pelota vaya por lo menos de la otra parte de la red. El
sueño del profesor, se concretó y el movimiento
deportivo creció y a la edad de 16 años el profesor,
me pidió que "entrenara" un grupito de neo-jugadores
de voley, yo tenía que enseñarles lo poco que
yo sabía. Acepté con gusto, el profesor decía
que aquellos como yo, que obtenían resultados gracias
a la tenacidad (es claro que me faltaba talento) que les permitía
hacer el doble del trabajo de los talentosos. Decía
que ese tipo de personas son las que mejor trasmiten la propia
pasión. No tenía ningún argumento para
discutir su tesis, vivía esos momentos en un modo exaltante.
Alguien creía en mi y yo tenia la responsabilidad de
enseñar y trasmitir mi pasión por el voleyball,
Suceden cosas mágicas cuando alguien cree en ti, mi
carrera de entrenador se inició de muy joven, como
habran podido constatar y fue de suceso, aquel grupo de jovencitos
creció conmigo y ganamos todo lo que se podía
ganar en las categorías inferiores, y con esas victorias
crecía mi autoestima y las ganas de dedicar siempre
mas tiempo a entrenar. |